miércoles, 9 de septiembre de 2009

SERCH

¿Por qué María tapa el pozo después de muerto el perro? ¿Por qué no festeja que se acabó la rabia? ¿O festeja después de tapar el pozo? ¿O festeja tapando el pozo?

¿Por qué los garcas después de garcarte quieren venderte el garco como que fue por tu bien? ¿No advierten los garcas cuando garcan que se nota que son garcas?

¿No será una exageración mantener la boca cerrada para que no entren moscas? ¿Crees que es alta la probabilidad de que te entre una en el transcurso de una conversación?

¿Es necesario saber de donde venimos para entender hacia adonde vamos? ¿Nos agarró amnesia en el camino? ¿Y si al volver la vista atrás vemos la senda que no volveremos a pisar, por qué no seguimos y punto... si total no hay camino?

Sigue la búsqueda. Ya aparecerá el texto.

martes, 8 de septiembre de 2009

MUFFIN

- Ve tu.
- No. Yo no.
- Si, ve tu.
- No, no.
- Eh! Ve ya!
- No. Ve tu.
- Ok.
- Eh! Lo vi! Es él!?
- Uf! Si. Es!
- (Pa! Pa!) Le di!
- No, no es.
- Mm no se.
- No.
- … Ue…mal fin.

lunes, 7 de septiembre de 2009

DISIS DIEND

Me encanta Buenos Aires cuando nieva.

Me fui como quien se desangra.

Solemne, como pedo de inglés.

(El viejo criado. Tito Cossa; Don Segundo Sombra. Ricardo Güiraldes; Adan Buenosayres. Leopoldo Marechal)

domingo, 6 de septiembre de 2009

SANDI

¿Se sigue casando Peringo cada Domingo?

Mi abuela ya no está para recordarlo, y él nunca se dignó a mandarme la participación.

sábado, 5 de septiembre de 2009

COFI

En la mayoría de los casos, las generalizaciones son discriminatorias.

Tal vez no existan "los argentinos" como conjunto a fin de poder adjudicarles un calificativo que nos quepa a todos. Ni siquiera "los hombres" o "las mujeres".

Hay características que tenemos la mayoría de una muestra representativa, pero existe el margen de error, que según los obstinados: confirma la regla.

Pero qué sería de las charlas de café sin las generalizaciones!

jueves, 3 de septiembre de 2009

LAS COSAS SON COMO SON

Mi vida siempre fue la misma bosta.

Hace unos años nomás, fui el líder de un grupo de heavy Metal. Éramos los “Chapoteados en sangre”.

Dionisio, el bajista era un ex violador, alcohólico, drogadicto, asesino, ladrón, piromaníaco, falsificador, amante del plagio barato y del whisky escocés aunque muchas veces a falta de whisky era amante ocasional de escoceses desprevenidos.

Frankie, el batero, antes de ser miembro de la banda, fue un patotero despiadado, sanguinario, cruel, y descorazonado como aceituna de picada fifí; pero conmigo siempre habían sido buenos chicos porque pese a todos los comentarios maliciosos de la prensa, acerca de presuntas actividades delictivas de nuestra autoría, éramos gente respetable; de buena familia. Y todavía somos amigos aunque, a la distancia. Sería copado un reencuentro después de tantos años.

En cuestiones de amor, un solo nombre será suficiente para que todo sea luz: Carlota Bomparola. Antes de ella, yo era un tipo muy tímido, reprimido, pusilánime, insufriblemente cerrado, como el Banco Nación después de las tres de la tarde.

Carlota fue a mi vida lo que, Desdémona a la vida de Otelo: mujer virtuosa, mas con una sola diferencia: Desdémona, la de Shakespeare, era inocente; en cambio Carlota, la mía era una caliente, perra, casquivana… y por eso un día. Almohadón mediante: fué.

Soy un preso más de Caseros, desde hace ya largo tiempo. Mi vida siempre fue la misma bosta. Sería copado que Dionisio y Frankie fueran del mismo pabellón, así seríamos nuevamente “Chapoteados en sangre”, la mejor banda de heavy de los últimos tiempos.

Pero todavía no es posible, las cosas son como son.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

TAIMISMANI

¿El tiempo es una dimensión equiparable al alto, ancho y profundidad, o es una circunstancia netamente subjetiva?

Para asimilarlo a lo primero, existen desde tiempos remotos calendarios y relojes. Pero es inocultable que no es el mismo tiempo el que transcurre en una gran ciudad, que el que corre en un pueblo del interior.

Los relojes son los mismos en un lado que en el otro. Los calendarios, también. Pero en el transcurso de sesenta minutos pueden hacerse muchas cosas o nada. Pueden pasar volando, o ser eternos.

Si disfrutamos la charla, no nos damos cuenta del paso del tiempo. Si esperamos a alguien que no llega, no pasa nunca.

En el interior, tardo una hora en tomar mate, hablar con un amigo, pasar por el banco, ir a tribunales y sentarme en un café a leer el diario. En la gran ciudad, eso es lo que tarda el bus en llevarme desde mi casa al trabajo.

La sensación de un urbanita al caer el sol, es que el día no le rindió; que el tiempo no le alcanza.

Por su parte, el pueblerino, cumplió todos sus propósitos y hasta frenó para dormir una siesta.

¿Será por eso que el citadino cree que los objetivos del campesino son pocos o chatos?

¿Será por el hecho de que no alcanza, que los ingleses dicen que el tiempo es dinero?